Los clavos -syzygium aromaticum- son los capullos de las flores de un árbol de la familia de las Myrtaceae. De color verde, madura hasta volverse rojo. Se colectan entonces y se dejan secar al aire libre hasta que tomen el color marrón que todos conocemos.
Un poco de historia
El clavo es una de las especias con más referentes históricos que conocemos. De hecho, un texto indio datando de más de dos mil años aconseja a aquellos que quisieran tener un "aliento limpio, fresco y perfumado" meterse en la boca una nuez moscada pinchada con clavos.
En el siglo VII, Su Gong recomendaba a aquellos que tenían que encontrar al emperador, poner algunos clavos en su boca (¡no había dentrífico en la época!).
Su proveniencia geográfica fue durante mucho tiempo algo místico: se hablaba del "valle de los clavos" en una isla próxima a la India, donde la leyenda cuenta que los marinos, dejando mercancías en la orilla, recogían al día siguiente clavos. Decían comerciar con los "genios de la selva".
En realidad, los clavos son originarios del archipiélago de las Molucas y se extendieron en el resto de islas Indonesias, en Madagascar, Sri Lanka y en África del Este.
En el siglo XVII, los clavos llegaron a adquirir el valor del oro en Inglaterra, de ahí la dificultad para importarlos!
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